EL LAVADERO

 

El 08/09/1885 se va a acordar la construcción de un lavadero cubierto, con el fin de traer las aguas a esta población.

 

Dicha construcción se llevó a cabo con la ayuda de los canteros y de los carreteros para la saca y el acarreo de losas y piedra de mampostería.

 

En el pliego de condiciones, se van a establecer las características que debían seguirse para su construcción. Los muros debían construirse en mampostería en seco y los pilones con mortero de cal y arena, bien acondicionado, de forma que no pudiera perder cantidad alguna de agua.

 

La subasta se fijó en el precio de 4,12 pesetas el metro cúbico de mampostería tanto, para los muros como para los pilones y el de 0,75 céntimos de pesetas, el metro de superficie de enlosado del pavimento de pilones y pasillos.

 

Las obras fueron adjudicadas a Don Antonio González y Pérez y en el expediente consta el padrón de los canteros que hicieron la saca de losas para la construcción del lavadero.

 

Posteriormente el 14/02/1886 se decide acordar la fecha de inauguración del lavadero público tras la terminación de las obras. Será el 21/02/1886 y también se decide redactar un reglamento con el fin de establecer unas condiciones para regularizar su uso. Dicen así:

 

1º.- Que se prohíba terminantemente introducir en el lavadero ropas de enfermedad, contagiosa o epidémica.

 

2º.- Que las aguas de los pilones se destinen exclusivamente para el lavadero de ropas sin permitir hacerse ningún otro uso de ellas.

 

3º.- Que estando dividido dicho lavadero en dos pilones, se destine el primero o sea el de la parte superior única y exclusivamente para aclarar las ropas y el segundo o sea el de inferior para que en él sean jabonadas previamente, sin permitirse bajo ningún concepto alterar el orden que se detalla.

 

4º.- Que cada persona solo tendrá derecho a ocupar una losa, excepto en caso de mucha concurrencia que deberá reducirse la extensión para que en dos losas se coloquen tres personas.

 

5º.- No se concede distinción ni preferencia alguna entre las personas que concurran al lavadero y por lo mismo la que tenga elegido sitio en el pilón según el acto de lavador que vaya a ejecutar, no podrán ser quitada por otra, así como tampoco elegir puesto unas para otras bajo el pretexto de que irán después.

 

6º.- Cuando las ropas que hayan de ser lavadas se hallen muy sucias con demasiada porquería, deberán colocarse las personas que las llevan en la parte más baja del pilón de jabonar con objeto de que las basuras sean arrastradas con más prontitud por la proximidad a la salida de las aguas, hasta que pueda sustituirse este sitio para tales casos con las pilas exteriores que ha de colocar el Municipio.

 

7º.- Las personas que concurran al local, guardarán el mayor orden y compostura sin proferirse insultos ni palabras ofensivas.

 

8º.- La inspección y vigilancia del lavadero queda por ahora a cargo de Julián Gómez designador por el Ayuntamiento, el que tendrá el deber de abrir la puerta diariamente a la salida del sol y cerrarla al oscurecer por quién necesariamente se soltarán las aguas de ambos pilones y limpiarán cada ocho días sin permitir que ningún otro no delgado por el mismo para que levante las compuertas para las salidas de las aguas.

 

9º.- El andén o pasillos de la circunferencia de los pilones quedará expeditos para la entrada y la salida.

 

10ª.- Los que contravinieran a cualquiera de las anteriores disposiciones serán penados con la multa de una peseta por primera vez; dos la segunda tres la tercera sin perjuicio de ser privados de volver a lavar en el local.

 

De dichas bases se fijará un edicto en el local lavadero y otro en el sitio público de la ciudad a fin de que nadie alegue ignorancia.

 

El 19/07/1887 se impone, a Doña Petra Martín, una multa por faltar a las prescripciones del Reglamento del lavadero, por importe de una peseta.